Por Brais Rodríguez
Desde hace varios años, políticos y medios occidentales vienen advirtiendo sobre la deriva autoritaria que estaría afectando a Hong Kong. Según sus análisis, Pekín estaría intentando socavar la libertad y la democracia de las que goza esta región administrativa especial desde su reincorporación a China el 1 de julio de 1997.

En cierto modo, es verdad que China busca reforzar su control sobre las regiones administrativas especiales (RAE) de Hong Kong y Macao, las cuales gozan de un alto grado de autonomía debido a su pasado colonial británico y portugués, respectivamente.
Sin embargo, la postura china responde a una lógica más amplia: desde hace casi una década, el gobierno de Xi Jinping impulsa un ambicioso proyecto para la zona del Delta del Río de las Perlas.
La «megaciudad» de Xi Jinping
¿Se imaginan una región que combine Disneyland, Las Vegas, Silicon Valley y Wall Street? Eso es precisamente lo que Xi Jinping pretende construir en el Delta del Río de las Perlas, la zona más próspera de China, donde tuvo lugar el mayor crecimiento económico de la historia en tiempo récord.

Esta ciudad-región tendría:
- Una población de alrededor de 70 millones de habitantes.
- Un tamaño similar al de Suiza (unos 40.000 km²).
- Un aporte del 10% al PIB de toda China, manteniéndose como «la fábrica del mundo», pero orientada ahora a productos de alto valor añadido.
Antes del COVID-19 (en 2019), el PIB de esta región superaba los 1,5 billones de dólares (según la escala corta), comparable al de países como España o Corea del Sur.
La iniciativa comenzó a tomar forma en 2017, con el objetivo de convertir la región en un hub global de innovación, manufactura avanzada y finanzas.
El desafío de la integración
Uno de los principales obstáculos que enfrenta el proyecto es la fragmentación administrativa entre Hong Kong, Macao y las ciudades continentales como Shenzhen. A pesar de pertenecer al mismo país, para moverse de un lugar a otro se requiere un pasaporte y pasar por puestos de control fronterizo, lo que entorpece la actividad económica.
Un ejemplo concreto es el puente Hong Kong-Zhuhai-Macao, de 55 km de longitud. Aunque monumental, su operación se complica por los controles fronterizos y las diferencias en las normas de tránsito (en Hong Kong se conduce por la izquierda, mientras que en Macao y Zhuhai, por la derecha).

Macao aceptó integrarse al proyecto antes de la pandemia, pero en Hong Kong persiste la desconfianza, ya que esta «fusión» podría anticipar el fin de su autonomía, teóricamente garantizada hasta 2047 bajo el principio de «un país, dos sistemas».
¿Por qué Hong Kong ya no es imprescindible?
Durante más de dos décadas, Pekín toleró un alto grado de autonomía en Hong Kong porque la excolonia británica servía como plataforma financiera para la inversión extranjera en China. Hoy, esa necesidad ha disminuido: los inversores confían cada vez más en el continente para sectores estratégicos como la industria tecnológica y la robótica.
Además, el peso económico de Hong Kong ha caído notablemente. Según datos del Banco Mundial, en 1997 la economía de Hong Kong representaba cerca del 25% de la de China continental. En 2019, apenas alcanzaba el 3%.
Por eso, para el liderazgo chino, prolongar trámites burocráticos y mantener reglas que limitan la integración no resulta funcional a los nuevos objetivos de desarrollo.
Aunque no hay una fecha oficial de culminación, muchos analistas estiman que el horizonte natural es el año 2049, cuando se cumplirán 100 años de la fundación de la República Popular China. Para entonces, Beijing aspira a consolidarse como la primera potencia mundial, completar su nueva Ruta de la Seda y lograr avances en la reunificación pacífica con Taiwán, entre otras metas.
El gigante avanza mientras «Occidente» debate
Mientras en Occidente el debate gira en torno a la libertad en Hong Kong (como se evidenció en la cumbre del G20 en Río de Janeiro), China sigue avanzando en la construcción de su megaciudad.
Para dimensionar la magnitud del proyecto:
- Tres de los diez puertos más importantes del mundo estarán dentro de esta ciudad-región: Guangzhou-Foshan, Shenzhen y Hong Kong.
- Más de una decena de ciudades tendrán roles estratégicos. Algunas de las más relevantes serán:
- Macao: Centro turístico y de negocios.
- Hong Kong: Centro financiero y de transporte.
- Guangzhou: Centro administrativo.
- Shenzhen: Centro de desarrollo tecnológico.
- Dongguan: Centro de producción de alto valor añadido.
Además, el gobierno ha incorporado a la isla de Hengqin, ubicada a menos de 200 metros de Macao, como nuevo polo de desarrollo. Hengqin, conocida como “el Orlando de China”, alberga ya a más de 60.000 empresas y cuenta con el acuario más grande del mundo.
Reflexión final
Mientras Europa y Norteamérica enfrentan desafíos internos, China avanza metódicamente, con objetivos claros y plazos de largo alcance. El año 2049 se vislumbra como un momento de consagración para el «sueño chino»: pasar de la pobreza extrema a la cúspide del poder global en apenas un siglo.
La gran pregunta es: ¿Podrá alguien frenar al gigante asiático?
Sobre el autor:
Brais Rodríguez es Coordinador Comarcal das @xsgalicia no Condado-Paradanta. Especializado en análisis político y desarrollo regional, combina su conocimiento local con una visión global sobre los grandes procesos de transformación económica y social.

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