Cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS): símbolo del post-orden internacional liberal

Tianjin, China 2025

31/08 – 01/09

Imagen tomada de: (SCO Tianjin Summit) Host city Tianjin gears up for SCO summit

Implicancias para la economía política global de cara al futuro

La Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) fue fundada en 2001 como continuación del grupo precursor de los Cinco de Shanghái (1996). Lo que nació como un mecanismo de confianza en materia de seguridad regional se transformó, con el tiempo, en el mayor foro político y económico de Eurasia. Hoy reúne a diez miembros plenos (China, Rusia, Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán, Uzbekistán, India, Pakistán, Irán y Bielorrusia), además de observadores y socios de diálogo que van desde Mongolia y Afganistán hasta Arabia Saudita, Turquía o Egipto.

La 25º cumbre que se celebra el 31 de agosto y el 1 de septiembre del 2025 en Tianjin (China), es la más grande de su historia. Reúne a más de 20 jefes de Estado y a representantes de organismos internacionales como Naciones Unidas. Más allá de la foto protocolar, Tianjin 2025 funciona como un símbolo de época: la consolidación de un multilateralismo alternativo en la economía política global.

Energía: productores y consumidores en la misma mesa

La OCS concentra tanto a países productores de petróleo y gas (Rusia, Irán, Kazajistán) como a los grandes consumidores emergentes (China e India). En un contexto de transición energética y tensiones en los mercados globales, la coordinación dentro de la OCS abre espacio a:

Esto no significa desplazar al sistema financiero global de inmediato, pero sí avanzar hacia un regionalismo energético eurasiático, con mayor peso en la fijación de precios y en las rutas de transporte.

Finanzas: alternativas a la arquitectura liberal

La narrativa de la cumbre gira en torno al “verdadero multilateralismo”. En la práctica, esto se traduce en el fortalecimiento de instrumentos financieros alternativos:

La hegemonía del dólar sigue siendo un hecho, pero Tianjin refuerza la idea de que el Sur Global no quiere depender exclusivamente de la arquitectura financiera heredada del orden liberal.

Comercio: globalización fragmentada

En paralelo a las tensiones en la Organización Mundial del Comercio (OMC) y a las políticas arancelarias de EE.UU., la OCS apuesta por expandir la interconexión comercial a través de:

  • La Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI)
  • El RCEP, acuerdo comercial que representa un 30% del PIB mundial, y un 30% de la población mundial

Esto refleja una tendencia clara: la globalización no desaparece, sino que se reconfigura en bloques regionales, donde Eurasia ocupa un lugar central.

Tecnología: soberanía digital y competencia estratégica

La OCS no limita su agenda a la seguridad o el comercio. Cada vez más, incorpora la dimensión tecnológica como eje de disputa global:

  • Estándares en telecomunicaciones (5G/6G)
  • Inteligencia artificial y ciberseguridad
  • Soberanía digital, entendida como control nacional sobre datos e infraestructuras críticas

China utiliza la OCS como plataforma para legitimar sus estándares frente a los de EE.UU. y la UE, y para presentar su modelo de cooperación tecnológica como alternativa.

Un símbolo del orden post-liberal

Durante décadas, el orden internacional liberal, liderado por EE.UU., se presentó como el marco universal. Sin embargo, fue el propio Washington quien comenzó a cuestionar sus bases al afirmar que la globalización beneficiaba más a sus competidores que a sí mismo. El giro hacia el proteccionismo selectivo y la política de sanciones abrió espacio para que otros actores ocuparan el vacío.

La OCS encarna ese desplazamiento: no sustituye a la ONU ni al G20, pero muestra que la economía política global ya no se define en un único centro. En Tianjin se visibiliza una pluralidad de mesas, donde Eurasia aparece como epicentro de la disputa por reglas, energía, finanzas y tecnología.

Conclusión

La 25ª cumbre de la OCS en Tianjin no cambia de golpe el mapa mundial, pero confirma una tendencia estructural: la transición hacia un multilateralismo alternativo. El orden liberal persiste en algunas dimensiones —financiera y militar—, pero su capacidad de organizar el conjunto se ha erosionado.

Eurasia, a través de la OCS, se posiciona como un actor colectivo que no busca permiso de «Occidente» para definir su agenda. La pregunta de fondo es si este proceso dará lugar a un orden más equilibrado y plural, o si solo consolidará nuevas formas de competencia entre bloques.


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